martes, 14 de julio de 2009

Otro pedacito del texto de la novela (en proceso)

Pasó frente a una sala de videojuegos y se detuvo a mirar por el escaparate. Adentro, adolescentes de ambos sexos se daban gusto demostrando sus habilidades para controlar determinados juegos. Algunos se mofaban de los menos diestros cuando su auto virtual de carreras se estrellaba contra la pared luego de no tomar una curva, otros apoyaban con vítores al ganador de una sangrienta batalla entre luchadores de algún torneo ficticio de artes marciales y los más callados quizás miraban nerviosamente por encima del hombro de algún chico que mataba gigantes, golpeándole los ojos con sus propias manos, virtualmente al menos. La galería era una especie de bodega enorme, remodelada especialmente para permitir la separación entre las consolas y la necesaria instalación del aire acondicionado. Después de ver risas y reclamos mezclados en las caras de aquellos jóvenes despreocupados, Oliver se despegó del escaparate y siguió su marcha en silencio.

 Caminar por las calles de Tokio era una difícil prueba para su concentración. Simplemente había demasiadas personas para su gusto, él era más bien un ser reservado, de poco socializar, aunque definitivamente no un ermitaño… aún. Y dado que en su hotel no encontró las condiciones adecuadas para hacer crecer si investigación, decidió salir a recorrer las calles inundadas de gente, chocar contra las personas descuidadas, observar el ambiente, pensar en las posibilidades que alguien que huye podría utilizar para su beneficio. 

Compró un café para llevar en un restaurante de comida rápida y siguió avanzando sin un rumbo definido, absorto en pensamientos e hipótesis tan descabelladas como quizá obvias. Para él cada nueva calle era invisible, sus ojos hacían el trabajo que debían pero el cerebro no codificaba la información recibida.

2 comentarios:

La Vida en Rojo dijo...

Suerte con la novela, se mira interesante.
Slds, Gi

Edward dijo...

Gracias, Gi :)