domingo, 13 de febrero de 2011

Cuando a uno le toca, ¡le toca!

Al llegar a la terminal de buses fui a comprar el tiquete para el que salía a las cinco de la tarde. Tenía unos treinta minutos de espera por delante así que crucé la calle para comprarme algo de comer en la musmanni (en minúscula para no hacerle mucha publicidad). Ya con el bocadillo y la bandeja en las manos salí a buscar una mesita vacía, que solo encontré en el extremo más lejano de esa área. Sin embargo, al llegar a esta me di cuenta que alguna de las palomas que tanto frecuentan el lugar había dejado... digamos que un regalito producto de su proceso digestivo. Obviamente preferí no sentarme ahí y salí para buscar otro lugar y me instalé en un sitio bastante frecuentado por quienes normalmente esperamos ahí, un pretil ubicado frente a la salida de los buses. Me quité el salveque de la espalda, recosté a un lado la maletita de la cámara y me dediqué a comer a gusto. Solo bastaron unos tres minutos para sentir un ligero golpe (algo líquido, eso sí) en el centro de la espalda. Lo supe al instante, miré hacia arriba y el ave responsable voló casi al mismo tiempo. Fue como si me dijera: "¿Ah no quisiste sentarte en la mesa donde te dejé un regalito? ¡Pues tomá, llevátelo puesto!"

jueves, 10 de febrero de 2011

Cuidado: ver "127 Horas" puede cambiarte la perspectiva

Como publiqué hace unos días en facebook: qué rico es salir del cine sintiendo que una película (una sola película) te cambió el día que habías tenido hasta entonces, te cambió la perspectiva que tenías para el resto de la semana y que además te suponga ponerte a pensar en qué clases de motivaciones son las que estás teniendo para vivir cada día y para buscar las metas a mediano y largo plazo. Lo cierto es la película de 127 Horas es una gran obra del cine que deja al espectador hasta cierto punto agotado de sentir diferentes emociones, maravillado con la belleza visual y premiado con una música (de AR Rahman) que le ayuda a sumergirse en el mundo del protagonista.
La premisa es tan simple que seguramente solo podía venir de un caso de la vida real. El montañista Aron Ralston sufre un accidente en una grieta en el medio del desierto, donde su brazo queda atrapado por una roca, sin poder desprenderse ni pedir ayuda. Desde ahí comenzamos a meternos en su mente, sus reflexiones, sus recuerdos y sus anhelos. Somos testigos de la evolución en el interior de un personaje que decide querer vivir, por razones muy específicas, que lo llevan a tomar una decisión radical que le salva la vida.
¿Les ha pasado alguna vez que llegan a casa después de estar en un bar y sienten aún con ustedes el olor del humo del cigarro o ese "olor a calle" que a veces cuesta quitarse de encima? Pues guardando las distancias del caso y pensándolo de manera positiva, la noche que vi la película llegué a casa sin quererme desprender de esa sensación de sonambulismo o trance con que salí del cine, no quise encender el tele, ni leer... solo comí algo y me acosté a dormir, quizás aún haciendo la digestión de lo que acababa de ver. Es algo personal, a lo mejor algunas personas no sientan lo mismo al ver esta gran obra del director Danny Boyle (Trainspotting, Sunshine, Slumdog Millionaire, entre sus obras), pero yo sinceramente le agradezco el volver a sentir que una película se va a quedar conmigo por mucho tiempo.
Edición que entretiene, música que emociona, fotografía que sorprende, una actuación principal que sostiene una película de inicio a fin, un guión simple y una dirección que lleva el sello de calidad del autor dan como resultado un espectáculo que demanda mucho del espectador pero que al final lo premia con la satisfacción de saber que cada uno de nosotros puede reflexionar en lo que es su vida, cómo y por qué quiere vivirla.

sábado, 5 de febrero de 2011

Pendientes del tintero (2 de 2): "The Social Network", de David Fincher

"Mejor que encontrar un trabajo es inventarte uno". Una de las muchas geniales frases que tiene esta película refleja lo que me parece es el mundo en la actualidad. Gente creando no solamente productos, arte o servicios, también se crea negocio desde cero. Lo único que hace falta es visión, decisión y una motivación extraordinaria. En lo personal me dejó pensando en tantas posibilidades que a veces uno tiene de disfrutar aún más lo que se hace, no por el hecho de no amar el trabajo que se realiza todos los días sino por la maravillosa posibilidad de llegar a vivir de una creación propia. Hay muchísimos sub-temas muy interesantes de explorar pero que requerirían un espacio más amplio que este incluso. Tan solo el hecho del cómo surge la idea de crear una red es algo que pocos podrían imaginarse seriamente.
Lo bueno de la película La Red Social (The Social Network) es el conjunto de cosas bien hechas en una sola obra. La dirección de David Fincher es cuidadísima, convirtiendo lo que en otras manos podría ser una trama aburrida en una mezcla de tiempos narrativos muy interesantes. Las actuaciones son ácidas y le sacan el máximo provecho y lo mejor de la película: el guión y los diálogos.